Mostrando entradas con la etiqueta abandono ríos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abandono ríos. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de mayo de 2026

La alarma del campanu

 Carta al director publicada en La Nueva España, 10 de mayo de 2026

 ¡No sale el campanu! Sí, parece sorprendente que hayan pasado tantos días sin ver el campanu. Se ha escrito y hablado mucho sobre ello, al principio como algo meramente noticiable por la novedad, y después tratando de explicar las causas. Y ya nadie duda a estas alturas que el hecho responde al declive dramático del salmón cantábrico. Un declive que viene de lejos, y que es muy grave. Algunos opinan que la situación es crítica, acaso sin retorno, y que en Asturias debe prohibirse la pesca del salmón. A simple vista puede parecer pertinente y hasta obligada una medida así, pero quienes sabemos de esto un poco más, no podemos detenernos en algo tan simple. El problema del salmón es demasiado complejo, y por desgracia nadie conoce con exactitud todas las causas que nos han traído hasta aquí, aunque somos bastantes quienes no dudamos que nada cambiaría si la solución consistiese simplemente en sacar las cañas de los ríos. ¿Por qué? Pues porque los pescadores no somos los responsables de que apenas haya peces en los ríos. ¿Quieren saber quiénes lo son? Pues en primer lugar quienes no hacen nada por revertir la situación, cuando admitiendo como hemos dicho su complejidad, sí se conocen sobradamente algunas de las razones principales. Y en lugar muy destacado se encuentra el absoluto descontrol de los predadores: cormoranes, nutrias, garzas, lubinas, redes en las desembocaduras... Son demasiados los enemigos del salmón, y nada se ha hecho al respecto desde hace muchos años. Además está la calidad de las aguas. Bastantes ríos del centro de la región bajan sucios todo el año desde hace varios lustros, y a nadie interesa. Esto lo comprobé yo mismo escribiendo a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, y guardo los correos como prueba. ¿Pero alguien puede pensar que no importa la calidad de las aguas para quienes viven en ellas?

Insisto: falta, sobre todo, una gestión profesional e integral del río. Y lo demuestro con un ejemplo tan irrefutable como conocido. Cuando se jubiló Ginés Armando, guarda mayor del Esva durante muchos años, su río era un buen río. No hizo más que jubilarse, y el río se acabó. Armando lo sabía todo del río, y se preocupaba de aprovechar sus conocimientos sin importarle los esfuerzos que muchas veces suponía enfrentarse a los furtivos en plena noche, o asegurarse de que no hubiese redes tendidas en la playa de Cueva. Lo mismo que me sucedió a mí cuando llamé a la Consejería, a la Guardia Civil y otra vez a la Confederación Hidrográfica para denunciar las redes que echan a diario en la playa de San Pedro para que no entre un reo al Esqueiro... Eso sí, si te ve un guarda no tiene empacho en registrarte el coche o el chaleco. Y el que quiera entender, que entienda. Pero antes de disparar, apunten bien, que los pescadores hace tiempo que nos hemos cansado de ser la diana de todos los indocumentados.

 

martes, 4 de noviembre de 2025

El problema de la pesca

 Carta al director publicada en La Nueva España, 27 de octubre de 2025


"La televisión autonómica acaba de adelantarnos lo que con toda probabilidad va a acontecer en las próximas fechas: la enésima reducción de cupos en los ríos asturianos. Nos dicen que en nuestros ríos apenas quedan peces, y que no hay más remedio que reducir los cupos. Muy cierta la primera afirmación, pero algo menos la segunda, pues a estas alturas cualquier colega sabe bien que si no hay peces en los ríos no es porque nos los llevemos a casa los pescadores, sino porque se los comen los cormoranes, las nutrias y las garzas, y en menor medida, pero también, los visones y las lubinas. Y tanto dará que rebajen los cupos o que los aumenten si no hay peces en el río.

El problema de los ríos no somos los pescadores, sino los "gestores". Hasta hace dos décadas los ríos asturianos tenían una población estable y abundante de salmónidos, y ahora apenas quedan peces en el río. ¿Qué ha sucedido? Muy sencillo: los predadores se han descontrolado, y bastantes ríos del centro de la región bajan sucios todo el año. Porque ésta es otra. Hace varias décadas sólo bajaban sucios los ríos de las cuencas mineras, y ahora estos bajan limpios, y otros, bastantes, como digo, han visto oscurecerse sus aguas, ante la indiferencia general. Me he cansado de llamar y escribir a la Confederación Hidrográfica del Norte, supuesta responsable de la calidad de las aguas de nuestros ríos, pero igual me hubiera dado tratando con la pared. Y para controlar los predadores hace falta voluntad, y aquí no existe. Se alude a los cupos para distraer y confundir, prolongando una agonía que ya se intuye breve. Hacen falta cambios muy drásticos si no queremos quedarnos sin peces en el río, pero quienes deberían acometerlos se encogen de hombros o miran hacia otro lado, porque sus emolumentos no llevan comillas. Y así, muy pronto, si no se obra un milagro, el lema de nuestros ríos será como el de la cerveza sin alcohol: cupo 0,0 peces."

 


sábado, 13 de mayo de 2023

El problema del salmón

  Carta al director publicada en La Nueva España, 13 de mayo de 2023 

La temporada actual lleva camino de ser recordada en materia de pesca, y no para bien. Antes de echar las cañas ya se cuestionó ampliamente la nueva normativa, que como siempre se centró exclusivamente en alejarnos un poco más del río a los pescadores. Y ahora mismo, en el mejor momento de la temporada, nos encontramos con que no hay salmones en nuestros ríos. Existen opiniones abundantes para explicarlo, y admito que son plurales las causas. Pero cualquiera que conozca mínimamente el río sabe bien la principal: el aumento incontrolado de los predadores. No sirven de nada, o de bien poco, las repoblaciones, si los esguines que tanto esfuerzo cuesta criar no llegan al mar. Los futuros salmones descienden el río en busca del océano lentamente y agrupados, siendo presa fácil de cormoranes, nutrias y lubinas. Es lo que hay. Podremos hablar de la calidad de las aguas, de las pesquerías en alta mar, o de los picos de población. Pero la auténtica realidad de que apenas haya salmones, truchas o reos en los ríos asturianos, es que sobran predadores y falta voluntad para eliminarlos.

Y seguiremos en el centro de la diana los pescadores, porque es más sencillo decir que son las cañas las que esquilman los ríos. No es verdad. Apenas se pesca ya, y cada vez hay menos peces. Algunos dirán que lo que habría que hacer entonces sería prohibir la pesca, y yo les respondería que si nos vamos del río los pescadores aún camparían más a sus anchas los predadores, pues las cañas no los eliminan, pero al menos los espantan un poco. ¿Qué pasó con el urogallo? Se prohibió su caza, y ello supuso el principio del fin. Y por la misma razón: por el aumento desproporcionado de sus predadores. Ahora nos gastamos un pastizal para su cría en cautividad, pero ni un euro en reducir sus enemigos. Y así ni tiene futuro el urogallo, ni lo tienen los salmónidos.

Uno conoció tiempos muy buenos en el río, y siente tristeza y rabia por la situación actual. Porque, insisto, la solución es sencilla. Pero quien debería revertirla prefiere mirar para otro lado antes que agarrar al toro por los cuernos. Y lo peor de todo es que les pagamos por ello.

 

sábado, 16 de julio de 2022

Terrorismo fluvial

 Carta al director publicada en La Nueva España, 2 de julio de 2022

Ayer decidí acercarme a dos ríos de Villaviciosa que llevaba dos años sin visitar. Primero estuve en el Sebrayo, donde me llevé la primera gran decepción al comprobar que ya no existía la pequeña presa de su tramo inferior, que era el reservorio natural de las pocas truchas que aún quedaban por allí. Era una presa muy sencilla, y aunque siempre la conocí, imaginé que había desaparecido, como tantas otras, por efectos de las riadas y de la falta de mantenimiento. Eché apenas media docena de varadas por la zona sin obtener una sola picada, y entonces cambié al Valdediós. Allí la idea siempre era la misma: inspeccionar la presa de Conciella, por ver si tenía la suerte de toparme con alguna de las grandes truchas que en ella hallaban alimento y refugio. Los ejemplares eran contados, pero en los muchos años que la visité pude hacerme con unos cuántos que raramente se ven en otros ríos. Pero nueva y terrible sorpresa: ¡ya no estaba la presa! Y esta, a diferencia de la otra, era tan sólida y bien construida, que nunca albergué temor alguno de que fuera a desaparecer. Sin embargo la explicación me la dio una vecina de allí: se habían cargado varias presas en la zona. No voy a describir lo que sentí entonces, porque no es fácil explicar cómo te sientes despojado de repente y sin razón de algo que siempre conociste y que de algún modo forma parte de tu esencia. Sólo diré que sentí y sé que sentiré siempre una rabia infinita y un odio eterno hacia los responsables de estos hechos. Y no por interés, porque apenas iba por allí una o dos veces al año, sino por el gran daño irreversible hecho a los ríos. Estas presas eran la defensa natural de las pocas truchas que quedaban, pero una mente siniestra había decidido eliminarlas. Y el daño es irreversible. ¿Por qué? ¿Por estupidez? ¿Por maldad? Eso lo ignoro. Aunque una sospecha tuve cuando me refirió la vecina que este invierno habían estado allí varios camiones durante varios días. Me vino a la cabeza la palabra negocio, y aún no encuentro otra explicación. Sin embargo los malos de la película siempre somos los pescadores. Nos tratan como delincuentes registrándonos el coche sólo por ser pescadores, y sin embargo yo afirmo sin temor a equivocarme que los verdaderos terroristas están en los despachos.